Hace poco escribí: Recordar quiénes somos nos lleva a un viaje a través de o que no somos. No dar por sentado lo que se nos dice de nosotros mismos es el primer paso para habitar el misterio que llevamos dentro.

En esta época del año la naturaleza nos demuestra el poder de la madurez. Su fruto está listo para ser ofrecido con su medicina para el mundo. El empuje de la energía de la época de Leo, nos da el valor para poder mirar dentro de nosotros cuáles de nuestros frutos están listos para ser ofrecidos al mundo.

Es una buena época para observar qué partes de nosotros han madurado lo suficiente para poder ofrecer la medicina única que cada uno llevamos dentro. Es un buen momento para agradecer todo el proceso y para madurar los dones que pulsan por mostrarse y que todavía están envueltos por los velos del miedo y la incertidumbre del no saber.

Podemos aprovechar el impulso y el coraje de la energía de Leo para atrevernos a abrazar esta incertidumbre y aún así decir SÍ a lo nuevo, al cambio que palpita dentro; SÍ a dejar de sentirnos inadecuados, SÍ a dejar de dar nuestro poder y autoridad a otros, SÍ a no seguir nuestros impulsos por miedo a molestar a los demás o a no encajar en las expectativas de otros. 

En esta época podemos trabajar con nuestro tercer chakra, el plexo solar, nuestra voluntad y poder interior, y hacerlo madurar para que el fuego pueda elevarse hasta el corazón donde podremos, en el momento de maduración, ofrecer nuestra medicina al mundo y así llevar a cabo nuestra labor en la Gran Obra, en armonía, equilibrio y madurez. 

Madurez tiene mucho que ver con hacernos cargo de todo lo que nos pasa, aunque aparentemente tome la forma de una herida provocada desde afuera, aunque la mente tenga muchas razones para creer que el mundo con el que soñamos y que deseamos amar y disfrutar no es para nosotros.

Madurar tiene mucho que ver con asumir que no son los demás, somos nosotros. Y que en nosotros está la medicina para todo lo que nos pasa. puede resultar muy útil crear un espacio interior donde haya cabida para todo. Para el placer y el disfrute, pero también para el dolor, la tristeza, el desengaño. En este espacio donde todo es acogido, cada pieza del rompecabezas encuentra su lugar y todo se renueva sin que necesariamente “tengamos” que hacer algo, a parte de sostener ese espacio y mantenernos en nuestra verdad (íntima, sencilla) sin luchar ni oponernos a lo que esté sucediendo. 

El fruto de nuestra autenticidad madura cuando somos bondadosos y pacientes con nosotros mismos, sea lo que sea que recibamos del mundo exterior. 

Si recibimos incomprensión, dejamos espacio para ser más comprensivos con nosotros mismos.

Si sentimos abandono y desamparo, podemos crear un espacio seguro en el que cuidarnos con buenos alimentos, baños, lecturas y actividades que nos den placer. Así podemos conectar con la poderosa magia de saber quiénes somos.

El poder de ser nosotros mismos es nuestra mayor medicina. 

Confía en ti mismo. Estás acercándote a tu núcleo, estás tocando tu corazón. Esto conlleva incertidumbre y es desafiante para la mente, que quiere controlar, entender, agarrar. Abrazando lo incierto te estás haciendo fuerte. La transformación está ocurriendo aquí y ahora. Es un camino nuevo, un nuevo comienzo. Confía en ti mismo. No estás solo en esto. 

Te puede ayudar …

  • Aceite esencial de Jara (aporta claridad, discernimiento, cura las heridas emocionales)
  • Aceite esencial de Bergamota (nos ayuda a ver la luz al final del túnel, aporta luz, vitalidad y energía al plexo solar.)
  • Labradorita: porta la sabiduría de recordarnos quiénes somos y de dónde venimos, y despierta la conciencia necesaria para avanzar desde donde estamos ahora. Si te estás sintiendo incó[email protected], es porque estás avanzando al siguiente nivel.

Ritual:

Cuando te sientas inadecuado, triste, insuficiente, busca un momento donde puedas sumergirte en agua boca arriba, dejando la nariz fuera para respirar y los oídos en el agua. Escucha el latido de tu corazón. Siente la espaciosidad que lo rodea y expande esa sensación todo lo que puedas. Sigue escuchando el latido de tu corazón y recuerda la simplicidad de la vida. Agradece todas las cosas bellas que te rodean.

Con amor,

Noraya